PALLEJÀ, A 10 DE MAYO DE 2007
Cuando yo tenía 15 años pusieron una escuela en una finca que le llamaban El cuarto del medio y allí había un cortijo que le llamaban El cortijo del guarda, que el mismo se llamaba Anacleto. En el cortijo había una sala muy grande y allí pusieron la escuela. La maestra tenía de nombre Paula y era muy joven. La verdad que tenía paciencia porque las habíamos de cuatro años hasta dieciocho. Seis de ellas se bautizaron y también hicieron la comunión. Mis padres ya se ocupaban de darnos la educación que ellos creían conveniente para nosotros que éramos cinco hermanos. Aquella maestra me enseñó a hacer los números y un poquito a conocer las letras vocales y también me enseñó y también aprendí el abecedario. Son las cosas que no se me han olvidado y eso lo aprendí en unos cuarenta días y ya terminó la escuela con una fiesta. También dieron bocadillos y fin de fiesta. Después volví al colegio a los sesenta y seis años, lo cual no me pesa porque estoy contenta.
Los primeros años estuve con Pedro que aprendí mucho. Estoy orgullosa con todo lo que estoy aprendiendo. Últimamente estoy con Aurora y estoy muy contenta porque voy muy bien. Espero aprender mucho más porque nunca es tarde para aprender.
Ahora estoy aprendiendo a escribir en el ordenador y no se me da nada mal. También entramos en Internet.


Mi año de nacimiento fue 1944.
Esto ocurrió en Cuenca. Nací en un centro de beneficencia, esto es un centro que subvenciona el ayuntamiento de Cuenca, un centro para los pobres.
Los más pequeños suelen estar en la casa cuna hasta los 10 años. Una vez cumplidos nos acostumbraban a mandar a otro pabellón con los más grandes. Digo esto porque el centro esta compuesto por departamentos, esto va por edades, de recién nacidos hasta los más mayores.
De mi niñez recuerdo muy poca cosa. De lo que me acuerdo es de que solía ir arrastrándome por los suelos. El motivo es que a los 2 años tuve una parálisis en el pie derecho. También recuerdo una anécdota. Cuando salíamos de paseo los domingos o días festivos yo me cansaba mucho. Salían voluntarios para llevarme en sus hombros o espalda hasta que estaba descansado. Salíamos de paseo a los parques, los toros, para ver las corridas. Por supuesto, también íbamos al fútbol.
Poco a poco fui creciendo y la pierna derecha fue cogiendo fuerza y me pude integrar con los otros chicos. Ya podía jugar con ellos. Jugaba al fútbol y a otros juegos. Por cierto que rompí bastantes pares de botas. Las botas eran especiales, hechas a medida.
Yo estuve trabajando durante algunos años de zapatero, la verdad es que este oficio no me gustaba.
En el centro teníamos talleres muy variados, como pintura, carpintería, sastrería, imprenta, encuadernación, herrería y por supuesto, panadería. Yo estuve trabajando unos años de encuadernador.
Como habrá observado en mí escrito no menciono a nadie porque yo soy huérfano y no he conocido a nadie de mi familia.
05-10-2006 




